Cronología movimiento 1968 - agosto 17, 2018

13 de agosto: Masiva marcha hacia el Zócalo

Escrito por: Redacción

La marcha del 13 de Agosto tiene todo menos improvisación. Es uno de los momentos más simbólicos y memorables para el Movimiento. Los comités de huelga, que hoy no tienen más que ese membrete porque carecen de identificación, es decir, al paso del tiempo han ido perdiendo los nombres reales de sus líderes; fueron ellos junto con ellas, los verdaderos artífices en generar el impresionante y alentador apoyo masivo. Masas con anónimos brigadistas, simpatizantes, activistas, manifestantes, todos dignamente presentes en el imaginario colectivo capturados para la memoria en instantáneas de fotografías. Imágenes siempre llenas de rostros alegres y dispuestos a continuar con la algarabía del movimiento.

Lo cual es y será consustancial a cualquier joven del mundo no importando nunca la época.

La columna de la marcha que el 13 de agosto avanzaba del Casco de Santo Tomás hacia el Zócalo “tenía una extensión de varios kilómetros”, y se requería de “una hora con 20 minutos para ver de la vanguardia a la retaguardia”, según reportó El Universal.

A los estudiantes se habían sumado maestros y pequeños grupos de electricistas, ferrocarrileros y sindicatos magisteriales. Además, “durante todo el trayecto recibieron innumerables muestras de simpatía por parte del pueblo”, refiere Ramón Ramírez sobre esa movilización en su libro El movimiento estudiantil de México, editado por Era en 1969.
A diferencia de otras manifestaciones, en las que la policía mantuvo fuerte presencia en el centro de la ciudad y los comercios cerraban, “todos los establecimientos comerciales continuaron abiertos en la confianza de que, según se observaba, no intervendría la policía”, agrega el libro de Ramón Ramírez.

Así comenzó la apropiación “tanto de las aulas, los auditorios y las explanadas escolares, como de las calles, plazas, mercados, cines, cafés, camiones urbanos y, en general, de todo aquel espacio público donde éstos (los estudiantes) pudieran difundir las demandas, consignas y utopías de protesta”, como describe el avance del movimiento José René Rivas Ontiveros en su libro La izquierda estudiantil en la UNAM, editado por Porrúa en 2007.

“La insurgencia estudiantil no fue más una clásica movilización universitaria o politécnica circunscrita sólo a los ámbitos geográficos de los recintos escolares, sino que se convirtió en la más importante rebelión urbana del México posrevolucionario, que hizo de la capital mexicana su principal centro de operaciones”, afirma en su obra Rivas Ontiveros.

Algunas leyendas en las pancartas eran: “Respeto a la Constitución, Luchamos contra un régimen de injusticia y pobreza, No más bayonetas, Los verdaderos agitadores son: el hambre, la ignorancia y la injusticia”, añade Ramírez.

En las mantas se pedía: libertad de los presos políticos, entre ellos Demetrio Vallejo y Valentín Campa, líderes ferrocarrileros encarcelados en 1959, y de los estudiantes detenidos desde el inicio del movimiento, así como la abrogación de “los anticonstitucionales artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal”.

También en aquellos días, José Revueltas, uno de los más destacados intelectuales de izquierda, en su escrito titulado Nuestra bandera, hacía el siguiente análisis: “una infracción a los reglamentos de policía (una reyerta de poca monta entre dos escuelas) que atrajo en su contra la más desproporcionada, injustificada y bestial de las represiones, tuvo la virtud de desnudar de un solo golpe lo que constituye la esencia verdadera del poder real que domina en la sociedad mexicana: el odio y el miedo a la juventud, el miedo a que las conciencias jóvenes e independientes de México, receptivas y alertas por cuanto a lo que en el mundo ocurre, entraran a la zona de impugnación, de ajuste de cuentas con los gobernantes y estructuras caducos, que se niegan a aceptar y son incapaces de comprender la necesidad de cambios profundos y radicales.

“Nuestro movimiento, por ello, no es una algarada más, esto deben comprenderlo muy bien las viejas generaciones, cuyas mentes se obstinan en querer ajustar las nuevas realidades a los viejos esquemas obsoletos de su ‘revolución mexicana’, de su ‘régimen constitucional’, de su ‘sistema de garantías’ y otros conceptos vacíos, engañosos, de contenido opuesto a lo que expresan, y destinados a mantener y perfeccionar la enajenación de la conciencia colectiva de México a la hipocresía social y a la mentira que caracterizan al régimen imperante.”